Hola Magda:
Me había olvidado de ti totalmente, cosas de mi amnesia sibilina y pertinaz. ¡Bendita capacidad de limpiar tanta amargura que parecía agarrada como mancha de aceite y que finalmente desaparece, dejando apenas un cerquillo sucedáneo del recuerdo!
La verdad, Marga, es que estoy tranquilo, o más tranquilo, la prueba es que apenas necesito evacuar en el teclado las angustias que antes me agarrotaban la garganta. Alguien me dijo que cuando se pasara la primera etapa de ansiedad, aprendería a valorar el tiempo libre, un bien escaso, y a disfrutar de la soledad, que es la compañía de uno mismo¡ que poco tiempo nos dedicamos! Por eso no te he incordiado en todo este tiempo, no se si para tu gozo o a tu pesar.
Mi vicio confesable no es ni el alcohol, bebo solo comiendo y no demasiado, ni el tabaco, no fumo, ni las drogas, no las consumo, ni la televisión, apenas la veo... solo dos cosas: escuchar la radio y comer algo más de lo que necesito. Consecuencias, los oídos me pitan cada vez más y he puesto varios kilos, casi sin darme cuenta. Y eso que he seguido haciendo ejercicio, sobre todo con la bicicleta. Mis vicios no confesables tampoco son nada extraordinarios, por lo que se puede decir que llevo una vida sana.
He llegado a la conclusión de que gran parte de las mujeres están un poco locas, que tiene reacciones impredecibles e inexplicables, fruto de apreciaciones subjetivas y erróneas. Son varios los casos, pero en especial uno me ha sorprendido a la vez que apenado. Mantenía una relación cordialísima con una señora dulce y simpática, con la que ha pasado ratos muy agradables -no me mal pienses, nada de sexo, que te conozco- y de buenas a primeras se ha torcido la cosa en cuatro días, sin saber del todo por qué. Al parecer, tiene que ver con el uso de mensajitos de móvil con algo de tono sarcástico o inocente de doble intención, un juego pseudoliterario al que soy aficionado. Pero se supone que una mujer inteligente debe captar el sentido y darle la dimensión que realmente tiene. Es posible, más bien seguro, que la otra persona tenga sensibilidades que uno no controla y que, por tanto, toque sin querer teclas que debe permanecer inactivas. También puede ocurrir que la inteligencia tenga compartimentos estancos y puedes dominar un campo y no otro. Confío que el tiempo y el azar permita retomar la relación de manera espontánea, puede ser mutuamente provechoso. Porque le problema de cuando uno pierde algo y desconoce la causa, es que, además de la perdida, no se aprende.
Me había olvidado de ti totalmente, cosas de mi amnesia sibilina y pertinaz. ¡Bendita capacidad de limpiar tanta amargura que parecía agarrada como mancha de aceite y que finalmente desaparece, dejando apenas un cerquillo sucedáneo del recuerdo!
La verdad, Marga, es que estoy tranquilo, o más tranquilo, la prueba es que apenas necesito evacuar en el teclado las angustias que antes me agarrotaban la garganta. Alguien me dijo que cuando se pasara la primera etapa de ansiedad, aprendería a valorar el tiempo libre, un bien escaso, y a disfrutar de la soledad, que es la compañía de uno mismo¡ que poco tiempo nos dedicamos! Por eso no te he incordiado en todo este tiempo, no se si para tu gozo o a tu pesar.
Mi vicio confesable no es ni el alcohol, bebo solo comiendo y no demasiado, ni el tabaco, no fumo, ni las drogas, no las consumo, ni la televisión, apenas la veo... solo dos cosas: escuchar la radio y comer algo más de lo que necesito. Consecuencias, los oídos me pitan cada vez más y he puesto varios kilos, casi sin darme cuenta. Y eso que he seguido haciendo ejercicio, sobre todo con la bicicleta. Mis vicios no confesables tampoco son nada extraordinarios, por lo que se puede decir que llevo una vida sana.
He llegado a la conclusión de que gran parte de las mujeres están un poco locas, que tiene reacciones impredecibles e inexplicables, fruto de apreciaciones subjetivas y erróneas. Son varios los casos, pero en especial uno me ha sorprendido a la vez que apenado. Mantenía una relación cordialísima con una señora dulce y simpática, con la que ha pasado ratos muy agradables -no me mal pienses, nada de sexo, que te conozco- y de buenas a primeras se ha torcido la cosa en cuatro días, sin saber del todo por qué. Al parecer, tiene que ver con el uso de mensajitos de móvil con algo de tono sarcástico o inocente de doble intención, un juego pseudoliterario al que soy aficionado. Pero se supone que una mujer inteligente debe captar el sentido y darle la dimensión que realmente tiene. Es posible, más bien seguro, que la otra persona tenga sensibilidades que uno no controla y que, por tanto, toque sin querer teclas que debe permanecer inactivas. También puede ocurrir que la inteligencia tenga compartimentos estancos y puedes dominar un campo y no otro. Confío que el tiempo y el azar permita retomar la relación de manera espontánea, puede ser mutuamente provechoso. Porque le problema de cuando uno pierde algo y desconoce la causa, es que, además de la perdida, no se aprende.