martes, 24 de abril de 2012

Olvidada


Como un juguete viejo, como un de esos artilugios electrónicos que compramos con ilusión en las tiendas de los nuevos mercachifles de oriente, y que después abandonamos en el cajón de los trastos incalificables -los calcetines con los calzoncillos, las camisetas con los bañadores y lo demás... al totum revolutum del último cajón- así te tengo yo, querida Magda, ejemplo virtual de abuso de esta amistad perfecta, siempre esperando, siempre dispuesta.

Cuando leo mi última carta me entra pereza reflexionar sobre los acontecimientos sobrevenidos. Si tuviera que narrártelos, lo harían ahora con la ligereza de una brisa mañanera de agosto, sin ganas de trascender ni de buscar substancia en el asunto, pues el tema a estas alturas me resulta manido hasta para mí mismo, de tantas vueltas que esta historia da sobre si misma. Quizás, azuzado por algo de sueño y de cansancio, trate de resumirlo en un pretencioso prodigio de síntesis -aunque virtuoso no me considero en nada-: el amor es una ventolera. Y no lo digo por mí, que ya sea brisa, viento o huracán , soplo siempre en la misma dirección.

Un beso, querida Magda.

martes, 9 de marzo de 2010

Vorágine


Querida Magda:

Puede que ayer fuera el día más intenso de mi vida. ¿Datos? Veinte quilómetros andados a zancadas, doce largos de piscina nadados a revientacaldera -para mí, mucho- diez quilómetros pedaleados a tumba abierta. ¿Más? Una clase de lenguaje audiovisual improvisada, dos microespacios radiofónicos montados, una reunión interrupta, una hora de radio en directo, ocho alumnos -uno a uno- defiendiendo exámenes insalvables y, la actividad reina del día, la firma de mi divorcio.
Además, suma y sigue, una relación especial dañada, mínimamente restañada a golpe de moviestar, y, finalmente, una larga velada a contracorriente.

Este es el inhóspito escenario donde tengo que reflexionar sobre la trascendencia de esa firma. Hace veintisiete años, creo, traje y corbata, camisa a juego, pelo recién cortado, zapatos nuevos, firmé, junto a quien me ha acompañado casi toda mi existencia el documento contrario: fue una fiesta. Ayer, solo, corriendo tras un abogado con prisas, un funcionario malencarado y displicente me leyó con tono de contestador automático un texto donde me preguntaba si estaba coaccionado. Lo rubriqué con firma de recibos y solicitudes de aula: un trazo espasmódico, cómo si el papel quemara, que se cierra sobre si mismo protegiendo una inicial apenas definida.

No se donde meter en la agenda el tiempo de asimilación, el de la recomposición del mobiliario mental. Simultaneando tareas, aprovecho el momento de escribirte para tratar de encajar las piezas y contemplar el conjunto, aunque aún tengo poca distancia: solo veo brochazos donde quizás otros observen un sugerente cuadro impresionista. Magda, mi vida vista desde fuera parece interesante, pero un poco de rutina, de cotidianeidad, no me vendría mal. De momento dejaré fluir los acontecimientos y las emociones, en algún momento llegará el remanso. El día de hoy debe ser más tranquilo, una secuela descafeinada del de ayer. Una resaca más que ligera no permite otra, el bullicio interior tampoco.

Besos.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Un día como otros, que termina bien.


Queridísma y apreciadísima Magda:

Ante de nada, quiero pedirte otra vez disculpas, en este caso por mi última carta. ¡Vaya pestiño pedante, cargante, grandilocuente y todo lo que te cuente... es poco! Me dio la venate pseudoculta barata y eso es lo que pasa. Afortunadamente tienes espaldas para aguantar eso y mucho más. Cómo te decía el otro día, otros tienen cosas peores.

Sigo a vueltas con al búsqueda de mi libro, que ni el arca perdida tuvo tanto interés. Sobre todo me da coraje la mala memoria. Creo que hay un santo, una oración o un rito para estas ocasiones, pero tampoco me acuerdo (el circulo vicioso del olvido) o sea que el libro aparecerá cuando haya terminado la tesis, que es lo que suele pasar con las cosas perdidas.

El día, con más claros que oscuros, te ahorraré detalles, que de todo ha habido aunque, como sucede últimamente ha terminado muy bien. Esta mañana la báscula me regaló -en realidad me lo he ganado a pulso, o a piernas- dos kilos menos. No está mal. Truco, desayunar como un rey (pedazo de tostada completa con aceite "delmejó" y con tomate, más zumo de limón- comer como un señor -albóndigas de lata y queso fresco y flan- señor venido a menos en este caso, y cenar con como un pobre: lata de alcachogar mezclada con yogurt y una naranja de postre. A esto le añadimos diez kilómetros de marcha ligerita -ir y volver al trabajo- y tenemos la fórmula perfecta.

Dejo pendiente contestar el extenso correo de alguien cercanísimo que pasa unos meses en el extranjero. ¡Que mayor soy aunque lo olvide con tanta frecuencia! El tiempo no ha pasado en balde y deja sus frutos. Estoy orgulloso.

Las paredes de mi estudio son de papel. Mis vecinas estudiantes se han escandalizado por cierto ruido procedente de mi cuerpo. ¡Solo faltaría que en casa de uno no pudiera dar rienda suelta a sus vapores! Y en algún caso me ha despertado un ajetreo apasionado, de los que a uno le hacen pensar que es imposible y está a punto de llamar al 061, y que además ponen los dientes largos, y no se me ha ocurrido quejarme. Pues nada: ellos a lo suyo y yo a lo mío.

Bueno, joven. Te dejo que es muy tarde. Besos.

martes, 23 de febrero de 2010

Melancólico e indolente.


Querida Magda:

Te dedico un momento, antes de iniciar una necesaria y portergada inmersión en el estudio de la metodología de la investigación. Hace dos horas que busco entre mis libros un texto práctico y sintético de esa materia y, por más que he procedido meticulosamente a repasar todos los títulos de mi escasa biblioteda provisional, no lo he encontrado. Digerir esa pequeña frustración me ha desalentado un poco y tiro de teclado para animarme. Lo malo de esas tareas donde no hay un apremio inminente es que se van eludiendo en pos de quehaceres más perentorios y al final solo se acometen cuando el tiempo acucia. Y la tesis ya empieza a se prioritario.

He releido el texto, poema incluido, de mi última misiva y me avergüenzo de que sea tan malo, sobre todo el mazacote de ripios que se parecen a la lírica lo que el cardo borriquero a la magnolia. Sabrás, como siempre, ser indulgente con mis delirios poéticos, otros tienen cosas peores y también los perdona Díos, o se olvida de ellos y los deja que vivan su vida. Es mejor esto que no que los tenga siempre presentes y les mande una prueba de amor como a los de Haití, que se los ha arrebatado a sus familiares para tenerlos en el Cielo. Igual Dios tiene debidamente organizados a sus acogidos y ha puesto a las muchachas púberes en un lugar privilegiado, cerca de donde Él tiene sus aposentos, y va visitarlas cuando el Paraiso está en silencio. Los viejos tienen su manías y Dios tiene muchísimos años.

Estoy algo triste por la finiquitación formal de mi matrimonio. No es que sea desgarrador a estas alturas pero un puntito de melancolía sí que aflora de vez en cuando. A favor dos cosas: saber que es cuestión de tiempo; ser plenamente conciente de que toda esta congojilla se irá atenuando poco a poco. Y la segunda, que voy descubriendo un universo humano al que antes no llegaba, y en algún caso con intensidad. A tí Magda te lo puedo decir, hay confianza: tambien estoy viviendo momentos gratos, y no hace falta que te de más detalles, imagínate lo que quieras.

Bueno, joven, hago una llamadita y me pongo a la tarea.

Besos y abrazos.

sábado, 13 de febrero de 2010

Por tres bragas, regalamos un libro.


Querida Magda:

Mezclar literatura y sexo siempre dio buen resultado y en está epoca de pertinaz crisis -que no sequía- el pequeño empresario recurre a todo para estimular el consumo, y entre otras cosas al coctel literario-erótico: ¡Imaginación al poder.... económico!

No he tenido la fortuna de pasar por el tenderete de ese avispado comerciante que apunta tan buenas maneras ¡tiembla, Amancio Ortega, Zara va a ser un quioko de chuches comparado con este! pero posiblemente me proveiera de dos o tres libros. Las prendas bien las podría usar como separadores de páginas, cuestión de surtido en colores, o como sucedaneo de papel. Para prosa no servirán gran cosa, si acaso un microrelato, pues ya pasaron los tiempos en que en que se podrían escribir los episodios nacionales sobre aquellas bragas decentes, de cuello alto y respeto a la honra. Pero para un versito apropiado, hasta el tanguita menos sugerente y más explícito sería útil.

Vello ensortijado, escondido y perfumado que sumiso se enreda en la yemas de mis dedos
recortado con esmero al estilo brasileiro en la entrepierna,
que coronas majestuoso la puerta de los cielos
Intercede por mí ante la hendidura externa.
Que mis zalamerías superen su recelo
y den mis pulpejos ansia eterna
tocando el botón de terciopelo
sea tu cuerpo una galerna
y tus brazos un revuelo
jalando mancuerna,
profundo anhelo,
ilusión materna.
Y en el suelo
se alterna
el agujero
la cuerna:
el pozuelo
la caverna,
Y ya veo
en un
tan
ga
es
cri
to
es
te
poe
ma.

jueves, 11 de febrero de 2010

La firma


Querida Magda:

Hoy he firmado, junto a mi ya exmujer, el acuerdo de divorcio. Nada dramático, ni lacrimógeno, ni emotivo, ni trascendente, ni ceremonioso. Todo tranquilo, incluso algo frívolo. Pero me ha quedado un regusto a desilusión y algo, no mucho, de resentimiento, no se si porque no tengo más o porque el despecho es profundo y no aflora aún.

Me apena haber descubierto que el amor no es para siempre y que la fidelidad y el compromiso no existen, es como lo de "los reyes son los padres" en la etapa adulta. Y sin embargo, yo se que existen, conozco ejemplos de parejas enamoradas durante toda la vida, aunque quizás sean las menos. No he sido correspondido. No he dado con una mujer con los mismos valores que yo. Soy un hombre de palabra, al menos lo he sido hasta ahora, y muchas veces he tenido que sacar el cariño de debajo de las piedras del erial que ha sido la relación en los tiempo duros. Al menos me ha quedado la capacidad, congelada ahora, de generar amor y de aguantar -me he dado cuenta de que aguanto tela- esperando tiempos mejores, o a la calma entre tormentas.

En el mejor de los casos, puede que este sea el fin de los tiempos revueltos y llege una suerte de primavera tardía. A ver como se comporta mi alergia.

Que descanses, Magda. Tapate por la noche, ten cuidado con el fresco.

domingo, 7 de febrero de 2010

Mujer diluida en la consciencia

Querida Marga:

El problema de tu inconsistencia material es que a veces te diluyes en la consciencia y paso semanas y meses, casi cuatro ya, sin recordarte. Señal de que, como esclava que eres de mis inquietudes, te demando menos porque vivo ahora más atemperado de ánimo. Además, compites con el teléfono que le añade la textura del timbre y la calidez de los tonos al mensaje. El texto escrito permite insinuar, inducir, matizar, aclarar y todo eso pero la voz, con su,multitud de registros, transporta las palabras hasta lo más hondo. Por eso, quizás, la poesía se siente más cuando se declama que cuando se lee. Pugnas también contra las otras destinatarias de mis cartes, personas con carnet de identidad, aunque también con más defectos, mejor dicho, con defectos, que tu no tienes más que los obligados en toda mujer, que no ta hacen menos atractiva.¿Cuales son?¿Quieres acusarme de machista?¡adivinalos tú!

Solo comentarte que vivo con la tranquila incertidumbre de no saber muy bien que va a pasar en los próximos tiempos, pero sin importarme demasiado, Y también, intentando trabajar al ritmo en que lo hago bien. Si un día no termino algo, lo haré el próximo y si ni siquiera lo empiezo, queda tambìen pendiente. Y las prioridades son vagas y cambiantes, tampoco es cuestión de que la agenda limite excesivamente el día a día. Aunque claro, hay compromisos que hay que cumplir, y se cumplen.

El amor, orillado. Apenas avento los rescoldos y lo nuevo que pudiera venir, cada vez más prevenido. Eso sí, el cariño de alguna gente lo cultivo con delicadeza, que es oxígeno para el ánimo. Recibo todo lo que me dan y doy todo el que puedo.
Y por último, comentarte que mañana empiezo el segundo cuatrimestre. Nuevo trabajo, en general interesante. Y la tesis, medio olvidada. Habrá que empujar otra vez.
Hasta pronto.
Cándido