lunes, 18 de mayo de 2009

Perfumadito y recién duchado


Querida Magda:
Es tarde ya para discursos inteligentes. No es la clarividente hora de los insomnios de madrugada que tantas empresas impracticadas generan en la volátil memoria del que se vuelve a dormir antes de despuntar el alba. Pero un breve encuentro con el universo vacío del procesador sirve para volver a recrear el bin bang de las mil ideas impredecibles constreñidas en la putrefascible masa encefálica.

Suena en la radio una cuestión trascendental: las elecciones a presidente del fracasado primer club de fútbol español, tema que focaliza al angustia vital de millones de subciudadanos. ¡Bendito bálsamo que embriaga a tantos parados fabriles, a tantos huérfanos del ladrillo, a tantos emigrantes del estado del bienestar, de cuyos rescoldos agonizantes aún se nutren con la convicción de que la teta se seca irremisiblemente, en esa menopausia social que les llevará dentro de poco a la purita lucha por la subsistencia proteínica!
El texto crece como un hongo maligno y terrorífico, sin juicio ni control, cargado de una hiel vitriólica que a nada conduce y que para bien poco sirve. Mañana tratamos en el programa de radio del amor carnal, en concreto del desamor carnal de la mujer llamada técnicamente "disfunción sexual femenina". El tema tiene tirón, gancho, y promete una buena audiencia si el publico potencial conociera de antemano el contenido.
El sexo, con amor o sin él, en grupo, en pareja o en solitario, es la mejor cortina de humo de esta crisis descomunal como órgano de estrella porno, que nos sodomiza a todos, a unos con solo la puntita, a otros hasta el nudo, pero que no da gusto por más que se repitan compulsivamente sus empellones. A mi aun no me ha llegado, y si llega, pues antes que relajarme y disfrutar, trataré de situarme en ese plano existencial donde lo material adquiere una dimensión superflua, casi de incordio, de manera que mis requerimientos mercantiles se reduzcan a los de los anacoretas: una túnica, unas raíces, unos sorbos de agua y la inmensa presencia del Dios de los ateos, representada por el lejano e inalcanzable horizonte que limita el desierto. Solo un lujo pretendería, una superficie, virtual o real, donde plasmar cuatro palabras que apenas tienen sentido ni para el que las dicta. Pero no importa, también da lo mismo que nadie las lea. No son más que una mirada al espejo de una cara sin afeitar y una pelambrera medio calva y despeinada en la soledad del cuarto de baño. Cuando salga por la mañana, perfumadito y recién duchado, el discurso será otro, puede que hasta alegre.
Buenas noches.

domingo, 17 de mayo de 2009

Quiero tiempo y espacio


¡Querida Magda!

He dejado olvidado en el hotel el libro a medio leer de Javier Cercas. Veinte euros perdidos, lo tendré que volver a comprar, o quizás lo busque en la biblioteca, que tanto ánimo de posesión tiene cada vez menos sentido.

Somos más consumistas que usuarios, todo el mundo conviene en que asociamos la felicidad a la posesión de las cosas. La probabilidad de que relea el libro de Cercas es escasa, aunque soy de los que vuelven a las mismas lecturas lo mismo que el criminal obsesivo, que no el profesional, vuelve al lugar del crimen. Pero solo necesito tenerlo disponible el tiempo que tarde en leerlo. De ser "mío", después solo ocupará un lugar, habrá que gestionar su guarda, su conservación hasta el momento que por una u otra vía dejemos de poseerlo. ¿Que necesidad tenemos de sentirnos propietarios de objetos que apenas usamos? Y aunque los usáramos, ¿para que hace falta ser su dueño exclusivo?

En algún lugar leí que un altísimo ejecutivo japones de una marca de electrónica, ya retirado, al fallecer solo tenía para su uso una habitación con una estera, una luz y un estante para depositar sus gafas y el libro que leía. Aparte, un kimono y unas sandalias: poco más. Miro a mi alrededor y tengo la estancia que llamo estudio repleto de objetos que no uso, pura manía fetichista: vídeos que nunca me apetece ver, discos que apenas escucho, libros por si algún día me da por leerlos, instrumentos musicales que no se tocar, más silla que culos que sentar, más mesas que codos que apoyar, más chismes que cajones que llenar y más muebles atestados de chismes que sitio donde ubicarlos. Y varias veces en mi vida me he deshecho de una ingente cantidad de cosas útiles que nunca necesitaba y cuando me hacían falta no las encontraba, por lo que las tenía que adquirir doblemente. ¡Esto es absurdo! Y aún no he dejado de comprar, aunque voy aprendiendo. Una amiga me contaba el otro día que le pasaba lo mismo.

Si analizo lo que necesito, me quedo con el sofacáma -la estera es para los chinos- la mesa con el ordenador, una radio y un armarito para un par de mudas. El resto de la habitación, llena de espacio blanco que, a falta de la inmensidad del desierto o de la infinitud del mar, permita extenderse la vista. Solo faltaría dotarme de tiempo, no está en el mercado, al menos no lo localizo, y eso habrá que obtenerlo fuera de eéte, pues mercado y tiempo son incompatibles. Hay un sucedáneo que llaman ocio, pero está adulterado por el mercantilismo y el utilitarismo y no me sirve. ¿Saben lo que necesita un pigmeo para su supervivencia? una hora al día. ¿y nosotros?¿ocho, diez, quince...? ¡Y luego los llamamos primitivos y nosotros, desarrollados!
Un beso
Cándido

sábado, 16 de mayo de 2009

Desde la playita


Querida Magda:
Dos días de playa no dan para mucho, más si coincide con que el personal llega resfriado y decide resguardarse de la brisa casi embravecida que agita las palmeras con gracia balinesa si se ven tras las cristaleras con el cuerpo cortado por eunatisbo de escalofríos. Pero a estas alturas uno no está dispuesto a malgastar totalmente los euros que días antes obtuvieron la mejor sonrisa de los de la agencia, rubicundo con aire de farmacéutico sin farmacia é,l hermosa sin paliativos ella.
Así que me proveo del ultimo libro de Javier Cercas " Anatomía de un instante", que con más propiedad, pero quizás con menos sugestividad, debería haberse titulado "disección de un momento", y me adentro en los personajes de Suárez, Carrillo, Tejero... absolutamente recomendable en forma y contenidos.
Hago la mañana con un té con limón, lo prefiero con hierbabuena, a la manera de los marroquíes, pero por aquí no gastan ese vegetal, y un vermut rojo después, recordand0 mis tiempos de la capital. Peco con unos frutos secos, que no es pecado eclesiástico pero si morfológico. ¡eso es debilidad mundada y no las otras, que son alegría sana para el cuerpo!
Veo una pantalla y un teclado mercenarios e invierto quinientas de las antiguas pesetas -a tres euros ya le hemos perdido el respeto- en entrar por un ventanuco en mi ciberespacio privado, solo basurrilla en el correo oficial, nada en lo demás, y aprovecho para darle gusto a los pulpejos de los dedos, que hartos de pasar las páginas requieren ya, con la avidez del perro que huele la marca miccional de sus medias naranjas caninas, una pequeña dosis de gimnasia abecedaria.
Los salones, grandes, funcionales, frescos, están casi vacíos y una música sin edad, al volumen apropiado, me cubre las espaldas. Fuerte contraste con la aglomeración del comedor de bufet libre, donde se agolparán después todos los hambrientos de ocasión. ¿No comerá la gente en sus casas? Yo hacía tiempo que en la tostada del desayuno no me ponía panceta en vez de jamón.
El descanso en este caso es eso, leer, dormir y comer. No se cuando tocará otra vez.
Un beso.
Cándido