Queridísma y apreciadísima Magda:
Ante de nada, quiero pedirte otra vez disculpas, en este caso por mi última carta. ¡Vaya pestiño pedante, cargante, grandilocuente y todo lo que te cuente... es poco! Me dio la venate pseudoculta barata y eso es lo que pasa. Afortunadamente tienes espaldas para aguantar eso y mucho más. Cómo te decía el otro día, otros tienen cosas peores.
Sigo a vueltas con al búsqueda de mi libro, que ni el arca perdida tuvo tanto interés. Sobre todo me da coraje la mala memoria. Creo que hay un santo, una oración o un rito para estas ocasiones, pero tampoco me acuerdo (el circulo vicioso del olvido) o sea que el libro aparecerá cuando haya terminado la tesis, que es lo que suele pasar con las cosas perdidas.
El día, con más claros que oscuros, te ahorraré detalles, que de todo ha habido aunque, como sucede últimamente ha terminado muy bien. Esta mañana la báscula me regaló -en realidad me lo he ganado a pulso, o a piernas- dos kilos menos. No está mal. Truco, desayunar como un rey (pedazo de tostada completa con aceite "delmejó" y con tomate, más zumo de limón- comer como un señor -albóndigas de lata y queso fresco y flan- señor venido a menos en este caso, y cenar con como un pobre: lata de alcachogar mezclada con yogurt y una naranja de postre. A esto le añadimos diez kilómetros de marcha ligerita -ir y volver al trabajo- y tenemos la fórmula perfecta.
Dejo pendiente contestar el extenso correo de alguien cercanísimo que pasa unos meses en el extranjero. ¡Que mayor soy aunque lo olvide con tanta frecuencia! El tiempo no ha pasado en balde y deja sus frutos. Estoy orgulloso.
Las paredes de mi estudio son de papel. Mis vecinas estudiantes se han escandalizado por cierto ruido procedente de mi cuerpo. ¡Solo faltaría que en casa de uno no pudiera dar rienda suelta a sus vapores! Y en algún caso me ha despertado un ajetreo apasionado, de los que a uno le hacen pensar que es imposible y está a punto de llamar al 061, y que además ponen los dientes largos, y no se me ha ocurrido quejarme. Pues nada: ellos a lo suyo y yo a lo mío.
Bueno, joven. Te dejo que es muy tarde. Besos.
Ante de nada, quiero pedirte otra vez disculpas, en este caso por mi última carta. ¡Vaya pestiño pedante, cargante, grandilocuente y todo lo que te cuente... es poco! Me dio la venate pseudoculta barata y eso es lo que pasa. Afortunadamente tienes espaldas para aguantar eso y mucho más. Cómo te decía el otro día, otros tienen cosas peores.
Sigo a vueltas con al búsqueda de mi libro, que ni el arca perdida tuvo tanto interés. Sobre todo me da coraje la mala memoria. Creo que hay un santo, una oración o un rito para estas ocasiones, pero tampoco me acuerdo (el circulo vicioso del olvido) o sea que el libro aparecerá cuando haya terminado la tesis, que es lo que suele pasar con las cosas perdidas.
El día, con más claros que oscuros, te ahorraré detalles, que de todo ha habido aunque, como sucede últimamente ha terminado muy bien. Esta mañana la báscula me regaló -en realidad me lo he ganado a pulso, o a piernas- dos kilos menos. No está mal. Truco, desayunar como un rey (pedazo de tostada completa con aceite "delmejó" y con tomate, más zumo de limón- comer como un señor -albóndigas de lata y queso fresco y flan- señor venido a menos en este caso, y cenar con como un pobre: lata de alcachogar mezclada con yogurt y una naranja de postre. A esto le añadimos diez kilómetros de marcha ligerita -ir y volver al trabajo- y tenemos la fórmula perfecta.
Dejo pendiente contestar el extenso correo de alguien cercanísimo que pasa unos meses en el extranjero. ¡Que mayor soy aunque lo olvide con tanta frecuencia! El tiempo no ha pasado en balde y deja sus frutos. Estoy orgulloso.
Las paredes de mi estudio son de papel. Mis vecinas estudiantes se han escandalizado por cierto ruido procedente de mi cuerpo. ¡Solo faltaría que en casa de uno no pudiera dar rienda suelta a sus vapores! Y en algún caso me ha despertado un ajetreo apasionado, de los que a uno le hacen pensar que es imposible y está a punto de llamar al 061, y que además ponen los dientes largos, y no se me ha ocurrido quejarme. Pues nada: ellos a lo suyo y yo a lo mío.
Bueno, joven. Te dejo que es muy tarde. Besos.