jueves, 1 de octubre de 2009

La cena


Querida Magda:

Hoy ha tocado comida irregular por mi mala organización. Me he dado un atracón de trabajo poniendo en marcha un laboratorio de investigación, con un par de becarios que se desmotivaban por momentos, sobre todo el chico, que es buen chico pero que está en esta plaza porque es lo que le habían dejado. Es duro tener que crear, diseñar, planificar, resolver, imporvisar, reorganizar, y además espolear cariñosamente a quien no entiene lo que está haciendo, o no lo quiere entender porque estaría más a gusto haciendo otra cosas que imagina más aplicativa. La chica, además de una muñeca, casi literal, no se agobía pero tampoco deja de hacer lo que se le pide.

Después una clase donde hay que decirles a los alumnos que lo que les han contado y le seguirán contando que es blanco, en realidad es gris oscuro a veces, más claro otras, casi negro en alguna ocasión y pocas, muy pocas veces, rayando lo inmaculado. He puesto a prueba mis pulmones, mi dialéctica, mi retórica e incluso mi prosopopeya, que no me acuerdo lo que es pero debe ser la releche. Al final creo haberles doblegado su espíritu rebelde y haber reconducido sus almás descarriadas, el tiempo lo dirá.

Me he vengado en la cena, con rioja garrafero que me ha terminando retirando con la lengua estropajosa, que uno es de mala bebida en lo tocante a la pronunciación, y a la tercera copita empiezo a balbucear como si estubiera con una trompa de marca mayor (por no decir de cojones). Me he regalado una tapa de queso, que me gusta tela, ¡hay que fastidiarse, todo lo bueno engorda, sube el azucar -no es mi problema de momento- o tiene colesterol!

Lo mejor, saludar a una chica bonita como ninguna -su novio lo sabe- y simpática como ella sola. El día ha estado bien a pesar de todo, la cena mejor.

Buenas noches, Marga, que descanses.

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