martes, 24 de abril de 2012
Olvidada
Como un juguete viejo, como un de esos artilugios electrónicos que compramos con ilusión en las tiendas de los nuevos mercachifles de oriente, y que después abandonamos en el cajón de los trastos incalificables -los calcetines con los calzoncillos, las camisetas con los bañadores y lo demás... al totum revolutum del último cajón- así te tengo yo, querida Magda, ejemplo virtual de abuso de esta amistad perfecta, siempre esperando, siempre dispuesta.
Cuando leo mi última carta me entra pereza reflexionar sobre los acontecimientos sobrevenidos. Si tuviera que narrártelos, lo harían ahora con la ligereza de una brisa mañanera de agosto, sin ganas de trascender ni de buscar substancia en el asunto, pues el tema a estas alturas me resulta manido hasta para mí mismo, de tantas vueltas que esta historia da sobre si misma. Quizás, azuzado por algo de sueño y de cansancio, trate de resumirlo en un pretencioso prodigio de síntesis -aunque virtuoso no me considero en nada-: el amor es una ventolera. Y no lo digo por mí, que ya sea brisa, viento o huracán , soplo siempre en la misma dirección.
Un beso, querida Magda.
martes, 9 de marzo de 2010
Vorágine
Querida Magda:
Puede que ayer fuera el día más intenso de mi vida. ¿Datos? Veinte quilómetros andados a zancadas, doce largos de piscina nadados a revientacaldera -para mí, mucho- diez quilómetros pedaleados a tumba abierta. ¿Más? Una clase de lenguaje audiovisual improvisada, dos microespacios radiofónicos montados, una reunión interrupta, una hora de radio en directo, ocho alumnos -uno a uno- defiendiendo exámenes insalvables y, la actividad reina del día, la firma de mi divorcio.
Además, suma y sigue, una relación especial dañada, mínimamente restañada a golpe de moviestar, y, finalmente, una larga velada a contracorriente.
Este es el inhóspito escenario donde tengo que reflexionar sobre la trascendencia de esa firma. Hace veintisiete años, creo, traje y corbata, camisa a juego, pelo recién cortado, zapatos nuevos, firmé, junto a quien me ha acompañado casi toda mi existencia el documento contrario: fue una fiesta. Ayer, solo, corriendo tras un abogado con prisas, un funcionario malencarado y displicente me leyó con tono de contestador automático un texto donde me preguntaba si estaba coaccionado. Lo rubriqué con firma de recibos y solicitudes de aula: un trazo espasmódico, cómo si el papel quemara, que se cierra sobre si mismo protegiendo una inicial apenas definida.
No se donde meter en la agenda el tiempo de asimilación, el de la recomposición del mobiliario mental. Simultaneando tareas, aprovecho el momento de escribirte para tratar de encajar las piezas y contemplar el conjunto, aunque aún tengo poca distancia: solo veo brochazos donde quizás otros observen un sugerente cuadro impresionista. Magda, mi vida vista desde fuera parece interesante, pero un poco de rutina, de cotidianeidad, no me vendría mal. De momento dejaré fluir los acontecimientos y las emociones, en algún momento llegará el remanso. El día de hoy debe ser más tranquilo, una secuela descafeinada del de ayer. Una resaca más que ligera no permite otra, el bullicio interior tampoco.
Besos.
Puede que ayer fuera el día más intenso de mi vida. ¿Datos? Veinte quilómetros andados a zancadas, doce largos de piscina nadados a revientacaldera -para mí, mucho- diez quilómetros pedaleados a tumba abierta. ¿Más? Una clase de lenguaje audiovisual improvisada, dos microespacios radiofónicos montados, una reunión interrupta, una hora de radio en directo, ocho alumnos -uno a uno- defiendiendo exámenes insalvables y, la actividad reina del día, la firma de mi divorcio.
Además, suma y sigue, una relación especial dañada, mínimamente restañada a golpe de moviestar, y, finalmente, una larga velada a contracorriente.
Este es el inhóspito escenario donde tengo que reflexionar sobre la trascendencia de esa firma. Hace veintisiete años, creo, traje y corbata, camisa a juego, pelo recién cortado, zapatos nuevos, firmé, junto a quien me ha acompañado casi toda mi existencia el documento contrario: fue una fiesta. Ayer, solo, corriendo tras un abogado con prisas, un funcionario malencarado y displicente me leyó con tono de contestador automático un texto donde me preguntaba si estaba coaccionado. Lo rubriqué con firma de recibos y solicitudes de aula: un trazo espasmódico, cómo si el papel quemara, que se cierra sobre si mismo protegiendo una inicial apenas definida.
No se donde meter en la agenda el tiempo de asimilación, el de la recomposición del mobiliario mental. Simultaneando tareas, aprovecho el momento de escribirte para tratar de encajar las piezas y contemplar el conjunto, aunque aún tengo poca distancia: solo veo brochazos donde quizás otros observen un sugerente cuadro impresionista. Magda, mi vida vista desde fuera parece interesante, pero un poco de rutina, de cotidianeidad, no me vendría mal. De momento dejaré fluir los acontecimientos y las emociones, en algún momento llegará el remanso. El día de hoy debe ser más tranquilo, una secuela descafeinada del de ayer. Una resaca más que ligera no permite otra, el bullicio interior tampoco.
Besos.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Un día como otros, que termina bien.
Queridísma y apreciadísima Magda:
Ante de nada, quiero pedirte otra vez disculpas, en este caso por mi última carta. ¡Vaya pestiño pedante, cargante, grandilocuente y todo lo que te cuente... es poco! Me dio la venate pseudoculta barata y eso es lo que pasa. Afortunadamente tienes espaldas para aguantar eso y mucho más. Cómo te decía el otro día, otros tienen cosas peores.
Sigo a vueltas con al búsqueda de mi libro, que ni el arca perdida tuvo tanto interés. Sobre todo me da coraje la mala memoria. Creo que hay un santo, una oración o un rito para estas ocasiones, pero tampoco me acuerdo (el circulo vicioso del olvido) o sea que el libro aparecerá cuando haya terminado la tesis, que es lo que suele pasar con las cosas perdidas.
El día, con más claros que oscuros, te ahorraré detalles, que de todo ha habido aunque, como sucede últimamente ha terminado muy bien. Esta mañana la báscula me regaló -en realidad me lo he ganado a pulso, o a piernas- dos kilos menos. No está mal. Truco, desayunar como un rey (pedazo de tostada completa con aceite "delmejó" y con tomate, más zumo de limón- comer como un señor -albóndigas de lata y queso fresco y flan- señor venido a menos en este caso, y cenar con como un pobre: lata de alcachogar mezclada con yogurt y una naranja de postre. A esto le añadimos diez kilómetros de marcha ligerita -ir y volver al trabajo- y tenemos la fórmula perfecta.
Dejo pendiente contestar el extenso correo de alguien cercanísimo que pasa unos meses en el extranjero. ¡Que mayor soy aunque lo olvide con tanta frecuencia! El tiempo no ha pasado en balde y deja sus frutos. Estoy orgulloso.
Las paredes de mi estudio son de papel. Mis vecinas estudiantes se han escandalizado por cierto ruido procedente de mi cuerpo. ¡Solo faltaría que en casa de uno no pudiera dar rienda suelta a sus vapores! Y en algún caso me ha despertado un ajetreo apasionado, de los que a uno le hacen pensar que es imposible y está a punto de llamar al 061, y que además ponen los dientes largos, y no se me ha ocurrido quejarme. Pues nada: ellos a lo suyo y yo a lo mío.
Bueno, joven. Te dejo que es muy tarde. Besos.
Ante de nada, quiero pedirte otra vez disculpas, en este caso por mi última carta. ¡Vaya pestiño pedante, cargante, grandilocuente y todo lo que te cuente... es poco! Me dio la venate pseudoculta barata y eso es lo que pasa. Afortunadamente tienes espaldas para aguantar eso y mucho más. Cómo te decía el otro día, otros tienen cosas peores.
Sigo a vueltas con al búsqueda de mi libro, que ni el arca perdida tuvo tanto interés. Sobre todo me da coraje la mala memoria. Creo que hay un santo, una oración o un rito para estas ocasiones, pero tampoco me acuerdo (el circulo vicioso del olvido) o sea que el libro aparecerá cuando haya terminado la tesis, que es lo que suele pasar con las cosas perdidas.
El día, con más claros que oscuros, te ahorraré detalles, que de todo ha habido aunque, como sucede últimamente ha terminado muy bien. Esta mañana la báscula me regaló -en realidad me lo he ganado a pulso, o a piernas- dos kilos menos. No está mal. Truco, desayunar como un rey (pedazo de tostada completa con aceite "delmejó" y con tomate, más zumo de limón- comer como un señor -albóndigas de lata y queso fresco y flan- señor venido a menos en este caso, y cenar con como un pobre: lata de alcachogar mezclada con yogurt y una naranja de postre. A esto le añadimos diez kilómetros de marcha ligerita -ir y volver al trabajo- y tenemos la fórmula perfecta.
Dejo pendiente contestar el extenso correo de alguien cercanísimo que pasa unos meses en el extranjero. ¡Que mayor soy aunque lo olvide con tanta frecuencia! El tiempo no ha pasado en balde y deja sus frutos. Estoy orgulloso.
Las paredes de mi estudio son de papel. Mis vecinas estudiantes se han escandalizado por cierto ruido procedente de mi cuerpo. ¡Solo faltaría que en casa de uno no pudiera dar rienda suelta a sus vapores! Y en algún caso me ha despertado un ajetreo apasionado, de los que a uno le hacen pensar que es imposible y está a punto de llamar al 061, y que además ponen los dientes largos, y no se me ha ocurrido quejarme. Pues nada: ellos a lo suyo y yo a lo mío.
Bueno, joven. Te dejo que es muy tarde. Besos.
martes, 23 de febrero de 2010
Melancólico e indolente.
Querida Magda:
Te dedico un momento, antes de iniciar una necesaria y portergada inmersión en el estudio de la metodología de la investigación. Hace dos horas que busco entre mis libros un texto práctico y sintético de esa materia y, por más que he procedido meticulosamente a repasar todos los títulos de mi escasa biblioteda provisional, no lo he encontrado. Digerir esa pequeña frustración me ha desalentado un poco y tiro de teclado para animarme. Lo malo de esas tareas donde no hay un apremio inminente es que se van eludiendo en pos de quehaceres más perentorios y al final solo se acometen cuando el tiempo acucia. Y la tesis ya empieza a se prioritario.
He releido el texto, poema incluido, de mi última misiva y me avergüenzo de que sea tan malo, sobre todo el mazacote de ripios que se parecen a la lírica lo que el cardo borriquero a la magnolia. Sabrás, como siempre, ser indulgente con mis delirios poéticos, otros tienen cosas peores y también los perdona Díos, o se olvida de ellos y los deja que vivan su vida. Es mejor esto que no que los tenga siempre presentes y les mande una prueba de amor como a los de Haití, que se los ha arrebatado a sus familiares para tenerlos en el Cielo. Igual Dios tiene debidamente organizados a sus acogidos y ha puesto a las muchachas púberes en un lugar privilegiado, cerca de donde Él tiene sus aposentos, y va visitarlas cuando el Paraiso está en silencio. Los viejos tienen su manías y Dios tiene muchísimos años.
Estoy algo triste por la finiquitación formal de mi matrimonio. No es que sea desgarrador a estas alturas pero un puntito de melancolía sí que aflora de vez en cuando. A favor dos cosas: saber que es cuestión de tiempo; ser plenamente conciente de que toda esta congojilla se irá atenuando poco a poco. Y la segunda, que voy descubriendo un universo humano al que antes no llegaba, y en algún caso con intensidad. A tí Magda te lo puedo decir, hay confianza: tambien estoy viviendo momentos gratos, y no hace falta que te de más detalles, imagínate lo que quieras.
Bueno, joven, hago una llamadita y me pongo a la tarea.
Besos y abrazos.
sábado, 13 de febrero de 2010
Por tres bragas, regalamos un libro.
Querida Magda:
Mezclar literatura y sexo siempre dio buen resultado y en está epoca de pertinaz crisis -que no sequía- el pequeño empresario recurre a todo para estimular el consumo, y entre otras cosas al coctel literario-erótico: ¡Imaginación al poder.... económico!
No he tenido la fortuna de pasar por el tenderete de ese avispado comerciante que apunta tan buenas maneras ¡tiembla, Amancio Ortega, Zara va a ser un quioko de chuches comparado con este! pero posiblemente me proveiera de dos o tres libros. Las prendas bien las podría usar como separadores de páginas, cuestión de surtido en colores, o como sucedaneo de papel. Para prosa no servirán gran cosa, si acaso un microrelato, pues ya pasaron los tiempos en que en que se podrían escribir los episodios nacionales sobre aquellas bragas decentes, de cuello alto y respeto a la honra. Pero para un versito apropiado, hasta el tanguita menos sugerente y más explícito sería útil.
Vello ensortijado, escondido y perfumado que sumiso se enreda en la yemas de mis dedos
recortado con esmero al estilo brasileiro en la entrepierna,
que coronas majestuoso la puerta de los cielos
Intercede por mí ante la hendidura externa.
Que mis zalamerías superen su recelo
y den mis pulpejos ansia eterna
tocando el botón de terciopelo
sea tu cuerpo una galerna
y tus brazos un revuelo
jalando mancuerna,
profundo anhelo,
ilusión materna.
Y en el suelo
se alterna
el agujero
la cuerna:
el pozuelo
la caverna,
Y ya veo
en un
tan
ga
es
cri
to
es
te
poe
ma.
recortado con esmero al estilo brasileiro en la entrepierna,
que coronas majestuoso la puerta de los cielos
Intercede por mí ante la hendidura externa.
Que mis zalamerías superen su recelo
y den mis pulpejos ansia eterna
tocando el botón de terciopelo
sea tu cuerpo una galerna
y tus brazos un revuelo
jalando mancuerna,
profundo anhelo,
ilusión materna.
Y en el suelo
se alterna
el agujero
la cuerna:
el pozuelo
la caverna,
Y ya veo
en un
tan
ga
es
cri
to
es
te
poe
ma.
jueves, 11 de febrero de 2010
La firma
Querida Magda:
Hoy he firmado, junto a mi ya exmujer, el acuerdo de divorcio. Nada dramático, ni lacrimógeno, ni emotivo, ni trascendente, ni ceremonioso. Todo tranquilo, incluso algo frívolo. Pero me ha quedado un regusto a desilusión y algo, no mucho, de resentimiento, no se si porque no tengo más o porque el despecho es profundo y no aflora aún.
Me apena haber descubierto que el amor no es para siempre y que la fidelidad y el compromiso no existen, es como lo de "los reyes son los padres" en la etapa adulta. Y sin embargo, yo se que existen, conozco ejemplos de parejas enamoradas durante toda la vida, aunque quizás sean las menos. No he sido correspondido. No he dado con una mujer con los mismos valores que yo. Soy un hombre de palabra, al menos lo he sido hasta ahora, y muchas veces he tenido que sacar el cariño de debajo de las piedras del erial que ha sido la relación en los tiempo duros. Al menos me ha quedado la capacidad, congelada ahora, de generar amor y de aguantar -me he dado cuenta de que aguanto tela- esperando tiempos mejores, o a la calma entre tormentas.
En el mejor de los casos, puede que este sea el fin de los tiempos revueltos y llege una suerte de primavera tardía. A ver como se comporta mi alergia.
Que descanses, Magda. Tapate por la noche, ten cuidado con el fresco.
Hoy he firmado, junto a mi ya exmujer, el acuerdo de divorcio. Nada dramático, ni lacrimógeno, ni emotivo, ni trascendente, ni ceremonioso. Todo tranquilo, incluso algo frívolo. Pero me ha quedado un regusto a desilusión y algo, no mucho, de resentimiento, no se si porque no tengo más o porque el despecho es profundo y no aflora aún.
Me apena haber descubierto que el amor no es para siempre y que la fidelidad y el compromiso no existen, es como lo de "los reyes son los padres" en la etapa adulta. Y sin embargo, yo se que existen, conozco ejemplos de parejas enamoradas durante toda la vida, aunque quizás sean las menos. No he sido correspondido. No he dado con una mujer con los mismos valores que yo. Soy un hombre de palabra, al menos lo he sido hasta ahora, y muchas veces he tenido que sacar el cariño de debajo de las piedras del erial que ha sido la relación en los tiempo duros. Al menos me ha quedado la capacidad, congelada ahora, de generar amor y de aguantar -me he dado cuenta de que aguanto tela- esperando tiempos mejores, o a la calma entre tormentas.
En el mejor de los casos, puede que este sea el fin de los tiempos revueltos y llege una suerte de primavera tardía. A ver como se comporta mi alergia.
Que descanses, Magda. Tapate por la noche, ten cuidado con el fresco.
domingo, 7 de febrero de 2010
Mujer diluida en la consciencia
Querida Marga:
El problema de tu inconsistencia material es que a veces te diluyes en la consciencia y paso semanas y meses, casi cuatro ya, sin recordarte. Señal de que, como esclava que eres de mis inquietudes, te demando menos porque vivo ahora más atemperado de ánimo. Además, compites con el teléfono que le añade la textura del timbre y la calidez de los tonos al mensaje. El texto escrito permite insinuar, inducir, matizar, aclarar y todo eso pero la voz, con su,multitud de registros, transporta las palabras hasta lo más hondo. Por eso, quizás, la poesía se siente más cuando se declama que cuando se lee. Pugnas también contra las otras destinatarias de mis cartes, personas con carnet de identidad, aunque también con más defectos, mejor dicho, con defectos, que tu no tienes más que los obligados en toda mujer, que no ta hacen menos atractiva.¿Cuales son?¿Quieres acusarme de machista?¡adivinalos tú!
Solo comentarte que vivo con la tranquila incertidumbre de no saber muy bien que va a pasar en los próximos tiempos, pero sin importarme demasiado, Y también, intentando trabajar al ritmo en que lo hago bien. Si un día no termino algo, lo haré el próximo y si ni siquiera lo empiezo, queda tambìen pendiente. Y las prioridades son vagas y cambiantes, tampoco es cuestión de que la agenda limite excesivamente el día a día. Aunque claro, hay compromisos que hay que cumplir, y se cumplen.
El amor, orillado. Apenas avento los rescoldos y lo nuevo que pudiera venir, cada vez más prevenido. Eso sí, el cariño de alguna gente lo cultivo con delicadeza, que es oxígeno para el ánimo. Recibo todo lo que me dan y doy todo el que puedo.
Y por último, comentarte que mañana empiezo el segundo cuatrimestre. Nuevo trabajo, en general interesante. Y la tesis, medio olvidada. Habrá que empujar otra vez.
Hasta pronto.
Cándido
El problema de tu inconsistencia material es que a veces te diluyes en la consciencia y paso semanas y meses, casi cuatro ya, sin recordarte. Señal de que, como esclava que eres de mis inquietudes, te demando menos porque vivo ahora más atemperado de ánimo. Además, compites con el teléfono que le añade la textura del timbre y la calidez de los tonos al mensaje. El texto escrito permite insinuar, inducir, matizar, aclarar y todo eso pero la voz, con su,multitud de registros, transporta las palabras hasta lo más hondo. Por eso, quizás, la poesía se siente más cuando se declama que cuando se lee. Pugnas también contra las otras destinatarias de mis cartes, personas con carnet de identidad, aunque también con más defectos, mejor dicho, con defectos, que tu no tienes más que los obligados en toda mujer, que no ta hacen menos atractiva.¿Cuales son?¿Quieres acusarme de machista?¡adivinalos tú!
Solo comentarte que vivo con la tranquila incertidumbre de no saber muy bien que va a pasar en los próximos tiempos, pero sin importarme demasiado, Y también, intentando trabajar al ritmo en que lo hago bien. Si un día no termino algo, lo haré el próximo y si ni siquiera lo empiezo, queda tambìen pendiente. Y las prioridades son vagas y cambiantes, tampoco es cuestión de que la agenda limite excesivamente el día a día. Aunque claro, hay compromisos que hay que cumplir, y se cumplen.
El amor, orillado. Apenas avento los rescoldos y lo nuevo que pudiera venir, cada vez más prevenido. Eso sí, el cariño de alguna gente lo cultivo con delicadeza, que es oxígeno para el ánimo. Recibo todo lo que me dan y doy todo el que puedo.
Y por último, comentarte que mañana empiezo el segundo cuatrimestre. Nuevo trabajo, en general interesante. Y la tesis, medio olvidada. Habrá que empujar otra vez.
Hasta pronto.
Cándido
jueves, 1 de octubre de 2009
La cena
Querida Magda:
Hoy ha tocado comida irregular por mi mala organización. Me he dado un atracón de trabajo poniendo en marcha un laboratorio de investigación, con un par de becarios que se desmotivaban por momentos, sobre todo el chico, que es buen chico pero que está en esta plaza porque es lo que le habían dejado. Es duro tener que crear, diseñar, planificar, resolver, imporvisar, reorganizar, y además espolear cariñosamente a quien no entiene lo que está haciendo, o no lo quiere entender porque estaría más a gusto haciendo otra cosas que imagina más aplicativa. La chica, además de una muñeca, casi literal, no se agobía pero tampoco deja de hacer lo que se le pide.
Después una clase donde hay que decirles a los alumnos que lo que les han contado y le seguirán contando que es blanco, en realidad es gris oscuro a veces, más claro otras, casi negro en alguna ocasión y pocas, muy pocas veces, rayando lo inmaculado. He puesto a prueba mis pulmones, mi dialéctica, mi retórica e incluso mi prosopopeya, que no me acuerdo lo que es pero debe ser la releche. Al final creo haberles doblegado su espíritu rebelde y haber reconducido sus almás descarriadas, el tiempo lo dirá.
Me he vengado en la cena, con rioja garrafero que me ha terminando retirando con la lengua estropajosa, que uno es de mala bebida en lo tocante a la pronunciación, y a la tercera copita empiezo a balbucear como si estubiera con una trompa de marca mayor (por no decir de cojones). Me he regalado una tapa de queso, que me gusta tela, ¡hay que fastidiarse, todo lo bueno engorda, sube el azucar -no es mi problema de momento- o tiene colesterol!
Lo mejor, saludar a una chica bonita como ninguna -su novio lo sabe- y simpática como ella sola. El día ha estado bien a pesar de todo, la cena mejor.
Buenas noches, Marga, que descanses.
Hoy ha tocado comida irregular por mi mala organización. Me he dado un atracón de trabajo poniendo en marcha un laboratorio de investigación, con un par de becarios que se desmotivaban por momentos, sobre todo el chico, que es buen chico pero que está en esta plaza porque es lo que le habían dejado. Es duro tener que crear, diseñar, planificar, resolver, imporvisar, reorganizar, y además espolear cariñosamente a quien no entiene lo que está haciendo, o no lo quiere entender porque estaría más a gusto haciendo otra cosas que imagina más aplicativa. La chica, además de una muñeca, casi literal, no se agobía pero tampoco deja de hacer lo que se le pide.
Después una clase donde hay que decirles a los alumnos que lo que les han contado y le seguirán contando que es blanco, en realidad es gris oscuro a veces, más claro otras, casi negro en alguna ocasión y pocas, muy pocas veces, rayando lo inmaculado. He puesto a prueba mis pulmones, mi dialéctica, mi retórica e incluso mi prosopopeya, que no me acuerdo lo que es pero debe ser la releche. Al final creo haberles doblegado su espíritu rebelde y haber reconducido sus almás descarriadas, el tiempo lo dirá.
Me he vengado en la cena, con rioja garrafero que me ha terminando retirando con la lengua estropajosa, que uno es de mala bebida en lo tocante a la pronunciación, y a la tercera copita empiezo a balbucear como si estubiera con una trompa de marca mayor (por no decir de cojones). Me he regalado una tapa de queso, que me gusta tela, ¡hay que fastidiarse, todo lo bueno engorda, sube el azucar -no es mi problema de momento- o tiene colesterol!
Lo mejor, saludar a una chica bonita como ninguna -su novio lo sabe- y simpática como ella sola. El día ha estado bien a pesar de todo, la cena mejor.
Buenas noches, Marga, que descanses.
jueves, 24 de septiembre de 2009
La mujeres deben estar locas
Hola Magda:
Me había olvidado de ti totalmente, cosas de mi amnesia sibilina y pertinaz. ¡Bendita capacidad de limpiar tanta amargura que parecía agarrada como mancha de aceite y que finalmente desaparece, dejando apenas un cerquillo sucedáneo del recuerdo!
La verdad, Marga, es que estoy tranquilo, o más tranquilo, la prueba es que apenas necesito evacuar en el teclado las angustias que antes me agarrotaban la garganta. Alguien me dijo que cuando se pasara la primera etapa de ansiedad, aprendería a valorar el tiempo libre, un bien escaso, y a disfrutar de la soledad, que es la compañía de uno mismo¡ que poco tiempo nos dedicamos! Por eso no te he incordiado en todo este tiempo, no se si para tu gozo o a tu pesar.
Mi vicio confesable no es ni el alcohol, bebo solo comiendo y no demasiado, ni el tabaco, no fumo, ni las drogas, no las consumo, ni la televisión, apenas la veo... solo dos cosas: escuchar la radio y comer algo más de lo que necesito. Consecuencias, los oídos me pitan cada vez más y he puesto varios kilos, casi sin darme cuenta. Y eso que he seguido haciendo ejercicio, sobre todo con la bicicleta. Mis vicios no confesables tampoco son nada extraordinarios, por lo que se puede decir que llevo una vida sana.
He llegado a la conclusión de que gran parte de las mujeres están un poco locas, que tiene reacciones impredecibles e inexplicables, fruto de apreciaciones subjetivas y erróneas. Son varios los casos, pero en especial uno me ha sorprendido a la vez que apenado. Mantenía una relación cordialísima con una señora dulce y simpática, con la que ha pasado ratos muy agradables -no me mal pienses, nada de sexo, que te conozco- y de buenas a primeras se ha torcido la cosa en cuatro días, sin saber del todo por qué. Al parecer, tiene que ver con el uso de mensajitos de móvil con algo de tono sarcástico o inocente de doble intención, un juego pseudoliterario al que soy aficionado. Pero se supone que una mujer inteligente debe captar el sentido y darle la dimensión que realmente tiene. Es posible, más bien seguro, que la otra persona tenga sensibilidades que uno no controla y que, por tanto, toque sin querer teclas que debe permanecer inactivas. También puede ocurrir que la inteligencia tenga compartimentos estancos y puedes dominar un campo y no otro. Confío que el tiempo y el azar permita retomar la relación de manera espontánea, puede ser mutuamente provechoso. Porque le problema de cuando uno pierde algo y desconoce la causa, es que, además de la perdida, no se aprende.
Me había olvidado de ti totalmente, cosas de mi amnesia sibilina y pertinaz. ¡Bendita capacidad de limpiar tanta amargura que parecía agarrada como mancha de aceite y que finalmente desaparece, dejando apenas un cerquillo sucedáneo del recuerdo!
La verdad, Marga, es que estoy tranquilo, o más tranquilo, la prueba es que apenas necesito evacuar en el teclado las angustias que antes me agarrotaban la garganta. Alguien me dijo que cuando se pasara la primera etapa de ansiedad, aprendería a valorar el tiempo libre, un bien escaso, y a disfrutar de la soledad, que es la compañía de uno mismo¡ que poco tiempo nos dedicamos! Por eso no te he incordiado en todo este tiempo, no se si para tu gozo o a tu pesar.
Mi vicio confesable no es ni el alcohol, bebo solo comiendo y no demasiado, ni el tabaco, no fumo, ni las drogas, no las consumo, ni la televisión, apenas la veo... solo dos cosas: escuchar la radio y comer algo más de lo que necesito. Consecuencias, los oídos me pitan cada vez más y he puesto varios kilos, casi sin darme cuenta. Y eso que he seguido haciendo ejercicio, sobre todo con la bicicleta. Mis vicios no confesables tampoco son nada extraordinarios, por lo que se puede decir que llevo una vida sana.
He llegado a la conclusión de que gran parte de las mujeres están un poco locas, que tiene reacciones impredecibles e inexplicables, fruto de apreciaciones subjetivas y erróneas. Son varios los casos, pero en especial uno me ha sorprendido a la vez que apenado. Mantenía una relación cordialísima con una señora dulce y simpática, con la que ha pasado ratos muy agradables -no me mal pienses, nada de sexo, que te conozco- y de buenas a primeras se ha torcido la cosa en cuatro días, sin saber del todo por qué. Al parecer, tiene que ver con el uso de mensajitos de móvil con algo de tono sarcástico o inocente de doble intención, un juego pseudoliterario al que soy aficionado. Pero se supone que una mujer inteligente debe captar el sentido y darle la dimensión que realmente tiene. Es posible, más bien seguro, que la otra persona tenga sensibilidades que uno no controla y que, por tanto, toque sin querer teclas que debe permanecer inactivas. También puede ocurrir que la inteligencia tenga compartimentos estancos y puedes dominar un campo y no otro. Confío que el tiempo y el azar permita retomar la relación de manera espontánea, puede ser mutuamente provechoso. Porque le problema de cuando uno pierde algo y desconoce la causa, es que, además de la perdida, no se aprende.
lunes, 18 de mayo de 2009
Perfumadito y recién duchado
Querida Magda:
Es tarde ya para discursos inteligentes. No es la clarividente hora de los insomnios de madrugada que tantas empresas impracticadas generan en la volátil memoria del que se vuelve a dormir antes de despuntar el alba. Pero un breve encuentro con el universo vacío del procesador sirve para volver a recrear el bin bang de las mil ideas impredecibles constreñidas en la putrefascible masa encefálica.
Suena en la radio una cuestión trascendental: las elecciones a presidente del fracasado primer club de fútbol español, tema que focaliza al angustia vital de millones de subciudadanos. ¡Bendito bálsamo que embriaga a tantos parados fabriles, a tantos huérfanos del ladrillo, a tantos emigrantes del estado del bienestar, de cuyos rescoldos agonizantes aún se nutren con la convicción de que la teta se seca irremisiblemente, en esa menopausia social que les llevará dentro de poco a la purita lucha por la subsistencia proteínica!
El texto crece como un hongo maligno y terrorífico, sin juicio ni control, cargado de una hiel vitriólica que a nada conduce y que para bien poco sirve. Mañana tratamos en el programa de radio del amor carnal, en concreto del desamor carnal de la mujer llamada técnicamente "disfunción sexual femenina". El tema tiene tirón, gancho, y promete una buena audiencia si el publico potencial conociera de antemano el contenido.
El sexo, con amor o sin él, en grupo, en pareja o en solitario, es la mejor cortina de humo de esta crisis descomunal como órgano de estrella porno, que nos sodomiza a todos, a unos con solo la puntita, a otros hasta el nudo, pero que no da gusto por más que se repitan compulsivamente sus empellones. A mi aun no me ha llegado, y si llega, pues antes que relajarme y disfrutar, trataré de situarme en ese plano existencial donde lo material adquiere una dimensión superflua, casi de incordio, de manera que mis requerimientos mercantiles se reduzcan a los de los anacoretas: una túnica, unas raíces, unos sorbos de agua y la inmensa presencia del Dios de los ateos, representada por el lejano e inalcanzable horizonte que limita el desierto. Solo un lujo pretendería, una superficie, virtual o real, donde plasmar cuatro palabras que apenas tienen sentido ni para el que las dicta. Pero no importa, también da lo mismo que nadie las lea. No son más que una mirada al espejo de una cara sin afeitar y una pelambrera medio calva y despeinada en la soledad del cuarto de baño. Cuando salga por la mañana, perfumadito y recién duchado, el discurso será otro, puede que hasta alegre.
Buenas noches.
Es tarde ya para discursos inteligentes. No es la clarividente hora de los insomnios de madrugada que tantas empresas impracticadas generan en la volátil memoria del que se vuelve a dormir antes de despuntar el alba. Pero un breve encuentro con el universo vacío del procesador sirve para volver a recrear el bin bang de las mil ideas impredecibles constreñidas en la putrefascible masa encefálica.
Suena en la radio una cuestión trascendental: las elecciones a presidente del fracasado primer club de fútbol español, tema que focaliza al angustia vital de millones de subciudadanos. ¡Bendito bálsamo que embriaga a tantos parados fabriles, a tantos huérfanos del ladrillo, a tantos emigrantes del estado del bienestar, de cuyos rescoldos agonizantes aún se nutren con la convicción de que la teta se seca irremisiblemente, en esa menopausia social que les llevará dentro de poco a la purita lucha por la subsistencia proteínica!
El texto crece como un hongo maligno y terrorífico, sin juicio ni control, cargado de una hiel vitriólica que a nada conduce y que para bien poco sirve. Mañana tratamos en el programa de radio del amor carnal, en concreto del desamor carnal de la mujer llamada técnicamente "disfunción sexual femenina". El tema tiene tirón, gancho, y promete una buena audiencia si el publico potencial conociera de antemano el contenido.
El sexo, con amor o sin él, en grupo, en pareja o en solitario, es la mejor cortina de humo de esta crisis descomunal como órgano de estrella porno, que nos sodomiza a todos, a unos con solo la puntita, a otros hasta el nudo, pero que no da gusto por más que se repitan compulsivamente sus empellones. A mi aun no me ha llegado, y si llega, pues antes que relajarme y disfrutar, trataré de situarme en ese plano existencial donde lo material adquiere una dimensión superflua, casi de incordio, de manera que mis requerimientos mercantiles se reduzcan a los de los anacoretas: una túnica, unas raíces, unos sorbos de agua y la inmensa presencia del Dios de los ateos, representada por el lejano e inalcanzable horizonte que limita el desierto. Solo un lujo pretendería, una superficie, virtual o real, donde plasmar cuatro palabras que apenas tienen sentido ni para el que las dicta. Pero no importa, también da lo mismo que nadie las lea. No son más que una mirada al espejo de una cara sin afeitar y una pelambrera medio calva y despeinada en la soledad del cuarto de baño. Cuando salga por la mañana, perfumadito y recién duchado, el discurso será otro, puede que hasta alegre.
Buenas noches.
domingo, 17 de mayo de 2009
Quiero tiempo y espacio
¡Querida Magda!
He dejado olvidado en el hotel el libro a medio leer de Javier Cercas. Veinte euros perdidos, lo tendré que volver a comprar, o quizás lo busque en la biblioteca, que tanto ánimo de posesión tiene cada vez menos sentido.
Somos más consumistas que usuarios, todo el mundo conviene en que asociamos la felicidad a la posesión de las cosas. La probabilidad de que relea el libro de Cercas es escasa, aunque soy de los que vuelven a las mismas lecturas lo mismo que el criminal obsesivo, que no el profesional, vuelve al lugar del crimen. Pero solo necesito tenerlo disponible el tiempo que tarde en leerlo. De ser "mío", después solo ocupará un lugar, habrá que gestionar su guarda, su conservación hasta el momento que por una u otra vía dejemos de poseerlo. ¿Que necesidad tenemos de sentirnos propietarios de objetos que apenas usamos? Y aunque los usáramos, ¿para que hace falta ser su dueño exclusivo?
En algún lugar leí que un altísimo ejecutivo japones de una marca de electrónica, ya retirado, al fallecer solo tenía para su uso una habitación con una estera, una luz y un estante para depositar sus gafas y el libro que leía. Aparte, un kimono y unas sandalias: poco más. Miro a mi alrededor y tengo la estancia que llamo estudio repleto de objetos que no uso, pura manía fetichista: vídeos que nunca me apetece ver, discos que apenas escucho, libros por si algún día me da por leerlos, instrumentos musicales que no se tocar, más silla que culos que sentar, más mesas que codos que apoyar, más chismes que cajones que llenar y más muebles atestados de chismes que sitio donde ubicarlos. Y varias veces en mi vida me he deshecho de una ingente cantidad de cosas útiles que nunca necesitaba y cuando me hacían falta no las encontraba, por lo que las tenía que adquirir doblemente. ¡Esto es absurdo! Y aún no he dejado de comprar, aunque voy aprendiendo. Una amiga me contaba el otro día que le pasaba lo mismo.
Si analizo lo que necesito, me quedo con el sofacáma -la estera es para los chinos- la mesa con el ordenador, una radio y un armarito para un par de mudas. El resto de la habitación, llena de espacio blanco que, a falta de la inmensidad del desierto o de la infinitud del mar, permita extenderse la vista. Solo faltaría dotarme de tiempo, no está en el mercado, al menos no lo localizo, y eso habrá que obtenerlo fuera de eéte, pues mercado y tiempo son incompatibles. Hay un sucedáneo que llaman ocio, pero está adulterado por el mercantilismo y el utilitarismo y no me sirve. ¿Saben lo que necesita un pigmeo para su supervivencia? una hora al día. ¿y nosotros?¿ocho, diez, quince...? ¡Y luego los llamamos primitivos y nosotros, desarrollados!
Un beso
Cándido
Somos más consumistas que usuarios, todo el mundo conviene en que asociamos la felicidad a la posesión de las cosas. La probabilidad de que relea el libro de Cercas es escasa, aunque soy de los que vuelven a las mismas lecturas lo mismo que el criminal obsesivo, que no el profesional, vuelve al lugar del crimen. Pero solo necesito tenerlo disponible el tiempo que tarde en leerlo. De ser "mío", después solo ocupará un lugar, habrá que gestionar su guarda, su conservación hasta el momento que por una u otra vía dejemos de poseerlo. ¿Que necesidad tenemos de sentirnos propietarios de objetos que apenas usamos? Y aunque los usáramos, ¿para que hace falta ser su dueño exclusivo?
En algún lugar leí que un altísimo ejecutivo japones de una marca de electrónica, ya retirado, al fallecer solo tenía para su uso una habitación con una estera, una luz y un estante para depositar sus gafas y el libro que leía. Aparte, un kimono y unas sandalias: poco más. Miro a mi alrededor y tengo la estancia que llamo estudio repleto de objetos que no uso, pura manía fetichista: vídeos que nunca me apetece ver, discos que apenas escucho, libros por si algún día me da por leerlos, instrumentos musicales que no se tocar, más silla que culos que sentar, más mesas que codos que apoyar, más chismes que cajones que llenar y más muebles atestados de chismes que sitio donde ubicarlos. Y varias veces en mi vida me he deshecho de una ingente cantidad de cosas útiles que nunca necesitaba y cuando me hacían falta no las encontraba, por lo que las tenía que adquirir doblemente. ¡Esto es absurdo! Y aún no he dejado de comprar, aunque voy aprendiendo. Una amiga me contaba el otro día que le pasaba lo mismo.
Si analizo lo que necesito, me quedo con el sofacáma -la estera es para los chinos- la mesa con el ordenador, una radio y un armarito para un par de mudas. El resto de la habitación, llena de espacio blanco que, a falta de la inmensidad del desierto o de la infinitud del mar, permita extenderse la vista. Solo faltaría dotarme de tiempo, no está en el mercado, al menos no lo localizo, y eso habrá que obtenerlo fuera de eéte, pues mercado y tiempo son incompatibles. Hay un sucedáneo que llaman ocio, pero está adulterado por el mercantilismo y el utilitarismo y no me sirve. ¿Saben lo que necesita un pigmeo para su supervivencia? una hora al día. ¿y nosotros?¿ocho, diez, quince...? ¡Y luego los llamamos primitivos y nosotros, desarrollados!
Un beso
Cándido
sábado, 16 de mayo de 2009
Desde la playita
Querida Magda:
Dos días de playa no dan para mucho, más si coincide con que el personal llega resfriado y decide resguardarse de la brisa casi embravecida que agita las palmeras con gracia balinesa si se ven tras las cristaleras con el cuerpo cortado por eunatisbo de escalofríos. Pero a estas alturas uno no está dispuesto a malgastar totalmente los euros que días antes obtuvieron la mejor sonrisa de los de la agencia, rubicundo con aire de farmacéutico sin farmacia é,l hermosa sin paliativos ella.
Así que me proveo del ultimo libro de Javier Cercas " Anatomía de un instante", que con más propiedad, pero quizás con menos sugestividad, debería haberse titulado "disección de un momento", y me adentro en los personajes de Suárez, Carrillo, Tejero... absolutamente recomendable en forma y contenidos.
Hago la mañana con un té con limón, lo prefiero con hierbabuena, a la manera de los marroquíes, pero por aquí no gastan ese vegetal, y un vermut rojo después, recordand0 mis tiempos de la capital. Peco con unos frutos secos, que no es pecado eclesiástico pero si morfológico. ¡eso es debilidad mundada y no las otras, que son alegría sana para el cuerpo!
Veo una pantalla y un teclado mercenarios e invierto quinientas de las antiguas pesetas -a tres euros ya le hemos perdido el respeto- en entrar por un ventanuco en mi ciberespacio privado, solo basurrilla en el correo oficial, nada en lo demás, y aprovecho para darle gusto a los pulpejos de los dedos, que hartos de pasar las páginas requieren ya, con la avidez del perro que huele la marca miccional de sus medias naranjas caninas, una pequeña dosis de gimnasia abecedaria.
Los salones, grandes, funcionales, frescos, están casi vacíos y una música sin edad, al volumen apropiado, me cubre las espaldas. Fuerte contraste con la aglomeración del comedor de bufet libre, donde se agolparán después todos los hambrientos de ocasión. ¿No comerá la gente en sus casas? Yo hacía tiempo que en la tostada del desayuno no me ponía panceta en vez de jamón.
El descanso en este caso es eso, leer, dormir y comer. No se cuando tocará otra vez.
Un beso.
Cándido
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